Descargas de agua contaminada provenientes de casas e industrias de Funza y Mosquera (Cundinamarca), que van a parar a la cuenca del río Bogotá, han aumentado la presencia de bacterias asociadas con materia fecal y coliformes, y de metales pesados como cadmio y manganeso, lo que representa un riesgo para la salud pública de la región.

Funza y Mosquera, junto con Bojacá, Cota, Madrid y Tenjo, conforman la principal fuente de abastecimiento de hortalizas de Bogotá. Funza se destaca por el cultivo de lechuga, maíz, papa, remolacha y romero, entre otros, mientras que Mosquera concentra su producción en alimentos como apio, brócoli, cebolla y zanahoria.
Históricamente estos municipios de la Sabana occidental de Cundinamarca han sido reconocidos por su vocación agropecuaria, cuya producción se distribuye a través de las centrales mayoristas, gracias a su estratégica conexión regional con la capital colombiana a través de la calle 13 (av. Centenario).
Sin embargo, en los últimos años el crecimiento urbano e industrial y la desactualización de los planes de ordenamiento territorial ha permitido que vertimientos sin tratamiento lleguen a los afluentes del río Bogotá, como la laguna La Herrera, y al distrito de riego La Ramada (compuesto por canales y estaciones de bombeo en las ciénagas Tres Esquinas, Gualí, Cacique, Galicia, Isla y La Florida, y en las lagunas de Funzhé) contaminando estas aguas usadas para el riego de cultivos, para el ganado y para uso de los habitantes rurales sin acceso al acueducto.
Los riesgos
“La mayor parte de la población consume agua subterránea potabilizada, pero las zonas rurales, por su extensión, quedan fuera de ese sistema, lo que representa un riesgo de salud pública”, explicó Angie Vanessa Rojas Parra, magíster en Ingeniería Ambiental de la UNAL Sede Bogotá, quien estudió cómo los cambios en el uso del suelo han afectado la calidad del agua en estos municipios asociados con la cuenca del río Bogotá, impactando así los procesos agropecuarios.

Desde hace unos 20 años, la UNAL Sede Bogotá ha venido haciendo un seguimiento sobre la calidad del agua de estos dos municipios, y tras analizar los resultados de más de mil muestras, se reveló, por ejemplo, que en el 88% de los puntos analizados había menos de 4 miligramos de oxígeno por litro, lo cual implica ausencia de oxígeno para la vida acuática y la muerte de especies.
“Un bajo nivel de oxígeno disuelto refleja la incapacidad del río para sostener vida animal, como peces y otros invertebrados, debido a la alta carga de contaminantes que impide su autodepuración. El oxígeno disuelto es un indicador importante porque refleja la salud de los ecosistemas acuáticos y el estado de la calidad del agua”, explica la investigadora Rojas.
Falta ordenamiento territorial
Los resultados de la investigación de la ingeniera Rojas revelaron que el acelerado crecimiento urbano en la región Madrid-Funza-Mosquera alcanzó un 67,61% en apenas 18 años. En Funza, el crecimiento urbano fue de un 25% entre 2002 y 2020, mientras Mosquera creció un 91% en esos mismos años, transformando áreas rurales de pastos y cultivos, lo que genera presión sobre el uso del recurso hídrico.
Sin embargo, los instrumentos de planificación —el Plan de Ordenamiento Territorial (PBOT) de Funza, vigente desde el 2000, y el de Mosquera revisado en 2013— no han acompañado con la misma velocidad esta dinámica de expansión.

“Si el PBOT no se actualiza nadie lo sanciona, y tampoco es algo que se deba hacer cada 4 años, sino cada vez que se necesite, y en el caso de estos municipios es urgente hacerlo. La cantidad de agua disponible sigue siendo más o menos la misma, por eso hay que optimizarla poniendo límites desde la planeación, tanto para la urbanización como para la agricultura”, puntualizó el profesor Juan Luis Rodríguez, de la Escuela de Arquitectura y Urbanismo de la UNAL.
*Fuente y fotografía principal: Periódico UNAL



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