Según estudios realizados en los diferentes páramos del país, alrededor del 60% de su área total está intervenida por actividades humanas, especialmente ganadería de leche y agricultura, en la que sobresalen los cultivos de papa, cebolla, arveja, cebada y hortalizas en general, como sustento familiar.
Dichos usos, así como el ascenso de la frontera agrícola, son la principal amenaza de los páramos colombianos, ya que estas actividades ponen en riesgo el equilibrio ecológico de estos ecosistemas, además de su función vital para el medioambiente, la regulación del ciclo hidrológico y la provisión de agua.
Ubicación e importancia
En Colombia los páramos se localizan en las tres cordilleras, pero se concentran en la Oriental y la Central, y solo existen unos pequeños relictos en la Occidental. De los 1.141.748km2 del territorio continental, ellos ocupan alrededor el 2,4%, es decir un área aproximada de 29.061,4km2.
Con el 23% del total nacional, Boyacá tiene la mayor área de páramos del país; allí sobresalen 6 complejos: el altiplano cundiboyacense, Pisba, Iguaque-Merchán, Tota-Bijagual-Mamapacha, Guantiva-La Rusia y la Sierra Nevada del Cocuy, con un área total de 6.707,3 km2.
Además, hasta el 80% de la población colombiana en áreas urbanas y rurales depende del agua emanada por los páramos. Por ejemplo, Bogotá depende de estos ecosistemas en Chingaza, Sumapaz y Cruz Verde; Bucaramanga de Santurbán y Medellín de Belmira.
Áreas afectadas
Sin embargo, gran parte de estos ecosistemas presentan diferentes grados de alteración y degradación, tanto de la vegetación como de los suelos, los cuales obedecen especialmente a la transformación de las coberturas nativas a otros usos del suelo, lo que altera los procesos y las funciones de estos ecosistemas.
Entre los más afectados están el páramo de Guerrero (Zipaquirá), Sumapaz y Cruz-verde (Cundinamarca-Meta), y Santurbán (Santander).

Una característica especial observada en casi todos los páramos donde existe agricultura o ganadería es que normalmente no se presenta acaparamiento de tierras, sin ser productivas, salvo algunas excepciones, sino que la tenencia normal de estas tierras es de pequeños agricultores y ganaderos que utilizan cada metro de tierra para la producción agrícola y pecuaria.
Aunque estos usos son socialmente aceptados, el problema consiste en que el uso intensivo de cada metro de suelo de páramo genera una mayor degradación del ecosistema, especialmente porque se erradica toda la vegetación nativa y se alteran las propiedades del suelo como la infiltración de la precipitación, debido a la compactación de los suelos, como con la ganadería.
Para el caso de la minería, los problemas van más allá de la alteración de los ecosistemas, pues se generan conflictos sociales económicos y de seguridad de la población. Por lo tanto, es fundamental implementar estrategias de conservación, uso y manejo del suelo y restauración, promoviendo la participación de todos los actores sociales en la gestión sostenible de estos ecosistemas.
*Fuente: Prensa UNAL



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