Los desafíos en torno al ordenamiento del territorio de la Sabana de Bogotá pasan por decisiones clave y modificaciones estructurales en relación con las políticas que se aplican. Por ejemplo, dejar de pensar que los humanos ordenan la naturaleza, o evitar las presiones inmobiliarias, deben ser las maneras de concebir el territorio y la convivencia con él.
Así se concluyó en el foro Ordenamiento territorial de la Sabana: El agua como eje vital, realizado en la Universidad Nacional de Colombia, en el cual expertos de la academia, la comunidad muisca y los territorios aledaños a la capital coincidieron en que ordenar el territorio no es imponerle una lógica externa, sino reconocer sus dinámicas ecológicas, hídricas y sociales.
Según Ricardo Romero, Subdirector de Procesos Agrarios y Gestión Jurídica de la Agencia Nacional de Tierras, el país necesita fortalecer un modelo de desarrollo basado en sus recursos naturales, en el que el agua sea el eje articulador.
Por su parte, Frank Molano, profesor de la Universidad Distrital, afirmó que la disputa por el territorio viene de hace siglos y criticó la ficción institucional de “ordenar” lo natural.

Recordó además que, debido a la violencia que despoja a las gentes de sus territorios originarios, “la Sabana es vista, no como remanso habitacional, sino como el lugar al que aspira la gente desplazada, y los grandes urbanistas saben que si se mantiene la violencia la gente va a llegar acá; no interesa poner fin a la violencia«, enfatizó.
Por su parte, Laura Ballesteros, educadora, abogada y defensora de derechos humanos y de la naturaleza, hizo un llamado a repensar la relación con el agua desde lo sagrado y comunitario. “La justicia ambiental exige que la participación sea verdaderamente constituyente. No se trata solo de listas de asistencia, sino de que las comunidades decidan sobre su territorio”, afirmó.
En este sentido, coincidió Isabel González, Fundadora de «Pa’ la huerta» y del colectivo Montañeras, quien insistió en la importancia que tiene la participación activa de las comunidades en los procesos de gestión territorial, para reducir la posibilidad de que los liderazgos se pierdan y que realmente trasciendan en escenarios como el que requiere su municipio, Tabio, en donde la desactualización del esquema de ordenamiento territorial pone en alto riesgo el agua y las tierras que solo se ven como recursos para ser extraídos.
Finalmente, Javier Cifuentes, Concejal Muiska del municipio de La Calera, indicó que en el caso de este pueblo, «no creemos que haya que ordenar el territorio, sino ordenarnos con el territorio», por lo que instó a combatir el modelo colonial impuesto por diversos poderes «que amenaza con destruir la poca estructura ecológica principal que queda en Bogotá».
Así mismo, cuestionó aspectos del ordenamiento como las concertaciones, ya que son las comunidades las que deben concertar y ceder ante la explotación del agua, mientras los constructores solo se ocupan del volteo de tierras.
Así, el foro puso en evidencia la urgencia de construir un modelo de ordenamiento territorial que reconozca los límites ecológicos, priorice la justicia ambiental y garantice el acceso y permanencia digna de las comunidades rurales. El agua y la lucha para preservarla, como insistieron todos los panelistas, es para la vida.
Redacción: colombiagricola.co /Fotografías: Ministerio de Ambiente



Deja un comentario