El Parque Nacional Natural Chingaza es la principal fuente de agua potable para millones de personas en Bogotá y municipios cercanos como Soacha, La Calera, Funza, Mosquera y Madrid.
Sin embargo, depende de un equilibrio entre las lluvias, la escorrentía y la retención de humedad en el suelo, que en las últimas décadas se ha alterado, según el estudio de la ingeniera Kharoll Sofía Ávila Bonilla, magíster en Ingeniería – Recursos Hidráulicos de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL).
“Para el estudio analizamos datos de precipitación de 1991 a 2021, basándonos en los registros diarios de 22 estaciones meteorológicas dentro y en los alrededores de Chingaza, proporcionados por la Empresa de Acueducto y Alcantarillado de Bogotá y por el Instituto de Hidrología, Meteorología y Estudios Ambientales (Ideam)”.
De igual manera, el proceso se hizo con datos de caudal entre 1991 y 2016, con cinco cuencas seleccionadas, así: del costado occidental, las cuencas de los ríos Chuza, Guatiquía, La Playa y la quebrada Piedras Gordas, y en el costado oriental la cuenca del río La Boca, los cuales son afluentes que abastecen directamente el embalse de Chuza o contribuyen indirectamente al embalse de San Rafael.
Caudales disminuyen aceleradamente
El trabajo abarcó 30 años de datos, con resultados mostraron que el 82 % de las series de precipitación en Chingaza no han seguido un patrón uniforme: mientras en las series de caudal se evidenciaron disminuciones de hasta el 2 % anual –un porcentaje que puede parecer menor en términos de abastecimiento a gran escala–, los cambios acumulativos se pueden tornar críticos en las próximas décadas.

“El caudal medio de las cuencas de los río Chuza y Guatiquía y la quebrada Piedras Gordas sí ha disminuido de manera preocupante, especialmente entre mayo y agosto, cuando tradicionalmente el páramo recibe su mayor aporte de humedad desde la Amazonia. La disminución del bosque estaría afectando las corrientes de vapor de agua que transportan humedad desde la selva hasta los Andes, y por lo tanto alterando la disponibilidad del recurso hídrico en el páramo”, menciona la magíster.
Esta relación coincide con estudios del Ministerio de Ambiente que en 2023 presentó un análisis sobre dos décadas de deforestación, entre 2001 y 2021, que reveló la pérdida de 3.182.876 hectáreas de bosques en todo el país, de las cuales 1.858.285 hectáreas (58 %) correspondían a la Amazonia colombiana.
La investigación también dejó en evidencia el aumento de la evapotranspiración, es decir la cantidad de agua que se pierde por evaporación y transpiración de la vegetación. Este proceso ha registrado un incremento de 6 mm por década, lo que significa que cada vez queda menos agua disponible en los suelos y fuentes hídricas del páramo.
Si a esto se suma la disminución en las entradas hídricas a Chingaza, el riesgo para el abastecimiento de agua en Bogotá y municipios aledaños es más evidente.
Con este estudio, la egresada de la UNAL manifiesta que urge implementar medidas de mitigación y adaptación para garantizar el abastecimiento de agua a largo plazo.
“El cuidado del ecosistema de Chingaza y la reducción de la deforestación en la Amazonia deben ser prioridades en las estrategias de gestión del recurso hídrico”, destaca.
*Fuente y fotografías: Agencia de noticias UNAL



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